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martes, 27 de mayo de 2008

25 DE MAYO DE 1810:CUANDO LAS BREVAS ESTUVIERON MADURAS




Juan José Castelli se paró y lo miró al jefe del Regimiento de Patricios, Cornelio Saavedra. El militar que hasta ese momento de la noche del 24 de mayo dudaba sobre las acciones a seguir, se paró y dijo: “Ya es tiempo, no debemos perder ni una hora”.
Con esta determinación, el abogado de lengua filosa junto al jefe militar salieron de la jabonería de Vieytez donde se reunían los patriotas y cruzaron toda la Plaza de la Victoria rumbo al Fuerte.
El objetivo era muy claro: exigir la renuncia del virrey Baltasar de Cisneros.Había pasado casi una semana desde la llegada de las noticias de España donde se revelaba que el rey Fernando VII había caído en manos de Napoleón y los criollos sintieron que era el momento de romper el dominio sobre estas colonias.
No sirvió de nada que el virrey Cisneros, que había llegado un año antes a Buenos Aires, pidiera calma y sumisión al poder que representaba. Un importante grupo de porteños iluminados por la revolución francesa de 1789 encabezados por Mariano Moreno, Manuel Belgrano, Castelli, Juan José Paso, Domingo Matheu, Bernardo de Monteagudo, Nicolás Rodríguez Peña e Hipólito Vieytez, entre otros.
Tras rechazar la acción del virrey y con la seguridad del apoyo de los hombres de Saavedra, los patriotas presionaron para un llamado a un Cabildo Abierto que se produjo el 22 de mayo, adonde llegaron 251 vecinos de las 450 invitaciones que se repartieron de urgencia para la asamblea.
Muchos de ellos –españoles-- no pudieron acceder al Cabildo a raíz de la “presión” de grupos de militares encabezados por Antonio Beruti y Domingo French, quienes a punta de pistola y cuchillos no los dejaron acceder a la Plaza principal de la ciudad.
Con la seguridad de que los “fierros” estaban del lado patriota, los cabildantes de la revolución exigieron un nuevo gobierno, mientras los defensores del régimen buscaron la última salida, pedir la votación para la continuidad o no del representante de la monarquía española.La votación fue 155 en contra de la continuidad y 69 a favor.
Sin embargo, en una maniobra inesperada que descolocó a los criollos, se armó una nueva junta de gobierno con Cisneros como presidente y varios españoles, además de Castelli y Saavedra, como integrantes de ese gobierno provisorio.
Tras un día sin reacción por parte de los revolucionarios, la noche del 24 fueron decididos a todo. Cuando el 25 amaneció lluvioso y frío, nadie había en la Plaza de la Victoria y mientras Cisneros se daba cuenta de que no tenía más poder para resistir, Belgrano y Paso arengaban a los que se iban acercando a “ver qué pasa”.
rench y Beruti siguieron con su tarea de alejar a los españoles del lugar de las decisiones y en esa oportunidad repartieron sables y armas a los civiles, por las dudas. Castelli, ya muy enojado le gritó a Cisneros, quien era sordo, “No hay opciones: o renuncia o lo cuelgan. Usted decide”.
En el Cabildo, el síndico procurador, Jaime de Leiva, no aceptaba la renuncia de Cisneros que fue llevada por Castelli y Saavedra. Para presionar, desde las galerías del Cabildo se abrieron las puertas para que voces iracundas hicieran escuchar su reclamo.
Como manotazo de ahogado los españoles pidieron enviar delegados al interior para que consultaran sobre estas decisiones de esa asamblea, moción rechazada por los integrantes de Cabildo.
Los seguidores del virrey se vieron acorralados cuando todas las guarniciones militares de la ciudad se negaron a defender al gobierno, y French y Beruti, ingresaron –en una efectiva puesta en escena-- al salón principal con 400 firmas de vecinos que pedían un nuevo gobierno. La suerte estaba echada.
Nacía el nuevo gobierno revolucionario, Leiva a las 3 y media de la tarde quiso informar los nuevos integrantes de la junta desde el balcón del Cabildo. “¿Y, dónde está el pueblo?, preguntó el funcionario ante la poca concurrencia”, lo que escuchó lo asustó. “Están en los cuarteles listos con las armas para actuar”, respondió Beruti.
Cinco horas después, la primera Junta quedaba conformada por un militar, varios jacobinos enamorados de la revolución francesa, un religioso y dos comerciantes españoles. Eran las nueve de la noche y ya nada sería igual en esta parte del mundo. La página inicial de una nación de ahora apenas 198 años empezaba a escribirse.
rob/

¡OID MORTALES! EL HIMNO NACIONAL CUMPLE 198 AÑOS


Los intensos años siguientes a la Revolución de Mayo de 1810 fueron vertiginosos, cargados de pasiones y flemas patrióticas que llevaron a desarrollar la historia del país de una forma a veces poco ortodoxa, según la enseñanza que recibieron generaciones posteriores.
La historia de la creación del Himno Nacional argentino no está exenta de esos hechos y tiene una realidad, analizada e investigadas por especialistas, que demuestra el calor sanguíneo que movilizó a aquellos hombres que buscaban una identidad propia.
El 11 de mayo de 1813, la Asamblea General Constituyente aceptó la letra presentada por el poeta Vicente López y Planes y oficializó la canción patria, que a partir de allí necesitó de una composición musical para ser escuchada por primera vez.
Sin embargo, hubo varias versiones anteriores de himnos que no lograron sobrevivir y ser aceptadas por el gobierno de turno.
La primera nació como una necesidad natural de expresar el fervor patriótico y se estrenó el 24 de noviembre de 1810.
Ese dato surge de una publicación del diario “La Gaceta de Buenos Ayres” que publicó parte de la letra escrita por un ciudadano común Esteban De Luca, que también aparentemente le puso música: “La América toda, se conmueve al fin, y a sus caros hijos, convoca a la lid; a la lid tremenda, que va a destruir, a cuantos tiranosla osan oprimir”, decía su letra.
Tuvo cierto éxito en las tertulias sociales y políticas de la Aldea y luego fue ganada por el olvido hasta que en 1812, el 25 de mayo, en el Cabildo fue ejecutada otra canción patriótica que tuvo letra de Saturnino La Rosa y música del español Blas Parera, un compositor catalán de gran jerarquía.
La canción fue asentada en los libros oficiales pero nunca más se ejecutó, mientras en el Teatro de La Comedia, al final de una representación de la obra “El 25 de mayo” de Luis Morante, los actores cantaban a viva voz otra emotiva canción patria con música de Parera.
Es allí donde el Triunvirato, el 22 de julio de 1812, solicita por decreto una composición oficial que es encargada a fray Cayetano Rodríguez, sacerdote, poeta y periodista, que fue aprobada el 4 de agosto de ese año y donde se decidió volver a convocar a Parera para musicalizarla.
Según algunos investigadores, Parera también había compuesto la partitura de aquella efímera canción de De Luca, ya que era amigo de la familia y tras la convocatoria oficial volvió a hacerlo con suma maestría.
La obra se estrenó el 1 de noviembre de 1812, pero a decir verdad tuvo muy mala recepción a raíz del poco vuelo de la letra, por lo cual el gobierno la archivó, y esta vez a través de la Asamblea volvió a realizar una nueva convocatoria, el 6 de marzo de 1813.
Hubo una especie de “concurso de composición” entre Fray Rodríguez y el poeta Vicente López y Planes.
El 11 de mayo, ambos presentan sus obras ante las autoridades y la creatividad y fuerza del material del poeta hizo que el sacerdote retirara su composición.Inmediatamente, la Asamblea volvió a convocar a Parera –ya un viejo conocido—y le pedió premura para que compusiera la música.
En ese punto los historiadores se encuentran con versiones disímiles de los hechos: una de ellas dice que Parera se negó por entender que la letra era “muy ofensiva” sobre España, y a raíz de su origen ibérico temía represalias contra su persona.
Algunas fuentes históricas relatan que Parera fue encarcelado por el gobierno y obligado a componer bajo “pena de fusilamiento” la música.
El artista accedió y lo hizo en una noche, aunque aparentemente solo arregló la partitura que ya había usado anteriormente en la marcha que compuso para el teatro de La Comedia.
Se hace difícil la comprobación de este evento, la documentación consultada por Asteriscos. Tv es incompleta, sin embargo todas las fuentes coinciden en una llamativa salida inmediata de Parera de Buenos Aires (junio de 1813) en circunstancias “poco claras” y su muerte en España años después.
Sobre el estreno también hay versiones encontradas: los manuales escolares insisten en la primera interpretación en una de las tertulias sociales realizadas en la popular casa de Mariquita Sánchez de Thompson y otra, la más veraz, que fue estrenada el 25 de mayo de 1813, en la Plaza de Mayo y cantada por alumnos de una escuela de la ciudad en un acto organizado por el gobierno exclusivamente para ese cometido
Eran también tiempos políticos y el estreno de la canción patria una buena excusa para calmar las críticas a la gestión de los dirigentes.
ROB/
El himno nacional cantado por Charly García

miércoles, 30 de abril de 2008

50 AÑOS DE MINISTROS DE ECONOMIA: LA CRUDA HISTORIA DE LA ARGENTINA


El 1 de mayo de 1958 asumió la presidencia luego de ganar las elecciones Arturo Frondizi y con él nació el Ministerio de Economía que de esta manera cumplirá 50 años de existencia.

Hasta ese día, los gobiernos anteriores dejaban el manejo de las finanzas de la Nación a los secretario de Hacienda, en un cargo que nació en 1898 con el gobierno de Julio Argentino Roca y llegó hasta la dictadura de Pedro Aramburu, en 1958.

En estas cinco décadas pasaron 43 ministros de Economía en el cargo, varios de ellos en dos oportunidades y se produjeron 53 gestiones en el palacio de Hacienda, con un breve lapso de siete días, cuando en las convulsionadas jornadas de 2001 el ex presidente Adolfo Rodríguez Saá desactivó el ministerio y nombró a Rodolfo Frigeri como nuevo secretario de Hacienda.

“Pasar el invierno” fue la poco feliz primera frase que se instaló en la política económica y que fue pronunciada por el segundo ocupante del asiento más caliente de la Argentina: el liberal Alvaro Alsogaray en 1959.

De allí en más, pasaron planes de supuestos crecimiento de la economía como así también de hiperinflación , deflación, convertibilidad, tablitas, pesificación y planes primaveras y golpes al bolsillo de los ahorristas como fueron el “rodrigazo”, “el corralito”, la devaluación y el canje compulsivo de plazos fijos por bonos, para que el Estados se apropiara de los dineros de los ciudadanos.

En estas cinco décadas hubo un número similar de monedas de curso legal (Peso moneda nacional, el Peso ley 18.188, Peso Argentino, Austral y Peso convertible) y procesos inflacionarios que llegaron al 1000 por ciento en 1975, 690 en 1983, 4900 en 1989 y 2400 en 1990, todos con nombre y apellido de ministros del momento.

El ministerio de Economía fue inaugurado aquel 1 de mayo de 1958 por Emilio Donato del Carril que lo ocupó por un año y un mes y fue reemplazado luego por Alsogaray en junio de 1959, para inaugurar un constante cambio en el cargo, y donde mantenerse se hacía cada vez más difícil.

De los 43 ministros ocho repitieron el cargo con la misma suma de errores y aciertos (Alsogaray, José Alfredo Martínez de Hoz, Roberto Alemann, Adalbert Krieger Vasenna, José Dagnino Pastore, Juan Carlos Pugliese, Domingo Cavallo y, Roberto Lavagna, en tanto Jorge Webhe tiene trsite récord de tres períodos (1962, 1972/73 y 1982/83), todos bajos procesos militares.

El gobierno de la ex presidenta María Estela Martínez de Perón batió la marca de mayor cantidad de ministros al contar con siete en 21 meses de gestión (uno cada tres meses), y con la penosa nota de tener cuatro de estos funcionarios en 120 días (Celestino Rodrigo, Ernesto Corbalán Nancalares –dos veces- Pedro Bonani y Antonio Cafiero).

En esta triste tabla de posiciones de cantidad de jefes del palacio de Hacienda se encolumnaron también los presidente democráticos, Arturo Frondizi, cinco (1958/1962); Raúl Alfonsín, cuatro, (1983/1989), Carlos Menem, cuatro (1989/1999), Fernando De la Rúa, tres (1999/2001) y Néstor Kirchner, tres (2003/2007).

Hubo varios que ocuparon el cargo por pocas horas producto de cambios de gestión, entre ellos Corbalán Nanclares en 1975 (tres y cuatro días respectivamente); Joaquín Las Heras (desde el golpe de 1976 al 29 de marzo de ese año) y el actual gobernador de Chaco, Jorge Capitanich, 48 horas, durante el interinato de Ramón Puerta en 2001.

Sin embargo hay tres ex funcionarios de poco tiempo en el ministerio que dejaron su huella: Rodrigo, 40 días en 1975 y autor de una de las mayores devaluaciones de la Argentina conocida como “rodrigazo”.

También, Jesús Rodríguez, dos meses en 1989 en los aciagos días de la Hiperinflación, Ricardo López Murhy, 15 días en 2001 durante la administración de Fernando de la Rúa y el mal recordado Jorge Remes Lenicov, padre de la devaluación y pesificación de los ahorros de 2002, que estuvo tres meses y medio.

Entre lo que más duraron en estas cinco décadas, se encuentran Domingo Cavallo, cinco años y cinco meses (1991/1996), José Alfredo Martínez de Hoz, cinco años y dos días (1976/1981), Juan Sourrielle, cuatro años y 34 días (1985/1989) y Roberto Lavagna , tres años y siete meses, todos ellos padres “de alguna criatura económica”.

Desde “pasar el invierno” al “que apuesta la dólar pierde”, sin olvidar “un peso, un dólar” y el que “depositó dólares recibirá dólares”, las frase son una acaba síntesis de cinco décadas de una economía que atacó sin piedad el corazón y los bolsillos de los argentinos.

rob/

ARTURO FRONDIZI, EL HOMBRE QUE SOÑO UN PAÍS DISTINTO


El ex presidente Arturo Frondizi inicio el 1 de mayo de 1958 uno de los períodos institucionales del país más importantes del siglo XX, con una visión muy fuerte en el desarrollo de la Argentina apostando a abandonar la idea de ser solo una nación ganadera y agrícola y sumarse así al crecimiento industrial mundial.

Una mirada tan revolucionaria de la economía y del progreso tenía invariablemente que chocar con visiones más miopes del futuro, anudadas a las crisis políticas internas de un país, que aún de debatía entre la fuerza arroladora del peronismo y las ambiciones de poder de los militares.

Hace medio siglo, Frondizi tuvo muy claro varios aspectos claves para desarrollar una nación, y alcanzó el gobierno tras ser elegido por una importante cantidad de votos, tras llegar a un acuerdo con el exilio Juan Domingo Perón y contar con el apoyo de esta fuerza política.

Con el peronismo prohibido por la Revolución Libertadora que lo despojó del poder en 1955, el dirigente radical, conductor de su partido, entendió que debía unir esas voces calladas a un futuro gobierno de su partido y allí chocó con una franja de la UCR que pensaba totalmente lo contrario.

Ese grupo encabezado por Ricardo Balbín lo obligó a exiliarse del centenario partido y crear la agrupación de radicales intransigentes que vencieron a los tradicionalistas y llegaron al poder con el voto de los peronistas.

Frondizi había enviado a principio de 1958 a Caracas para entrevistarse con Perón a su hombre de mayor confianza, Rogelio Frigerio quién le prometió al líder del PJ entre otros puntos la amnistía para su partido y la posibilidad de volver a hacer política.

Una de esas primeras iniciativas también fue devolverle el poder a los gremios peronistas, una pauta que cumplió en los primeros meses de gobierno ante la mirada de seño fruncido de los militares.

Para Frondizi, fuertemente influenciado por el gran cerebro de su gobierno, Frigerio, la salida estaba en el desarrollo de las industrias básicas: petróleo, siderurgia, maquinarias ya que eso permitiría abastecer a la industria liviana y liberaría recursos que antes se destinaban a importar.

Además, la producción agropecuaria también se beneficiaría, con la abundancia de energía, maquinaria, combustibles y productos químicos que posibilitarían su tecnificación y modernización.

Esas iniciativas trajeron muchas inversiones al país que se sumó al gran desarrollo de científicos e investigadores, a una nueva ley de Educación revolucionaria y del importante logro del autoabastecimiento de petróleo.

Sin embargo eran tiempo difíciles para el país. Los militares sentían la “responsabilidad” de ser la columna moral y de control de las instituciones, aún fuera del poder, dotando a la Democracia de una endeble posición que dejaba muy poco margen para los grandes cambios.

La política exterior de Frondizi también fue atractiva, con una buena relación con Estados Unidos, una integración regional con Brasil y un fuerte reconocimiento a Cuba, tras la revolución que llevó al poder a Fidel Castro.

La entrevista realizada con el “Che” Guevara enojó a los militares y luego a EE.UU en una situación que lo llevó a romper relaciones con el país caribeño en 1962.

De todas formas en las elecciones legislativas de 1960 se hizo notar la presión interna cuando el voto en blanco peronista alcanzó el 25 por ciento y el del radicalismo solo el 20, una situación que llevó a terminar de cumplir el pacto con Perón y habilitar en todo el país al Justicialismo.

Ya jaqueado por lo militares, en marzo de 1962, el PJ ganó en las elecciones a gobernadores en 10 de 14 provincias, una victoria que incluyó la estratégica Buenos Aires, una situación que llevó a los militares a ejercer toda su presión para que el radical impugnara el acto comicial.

Andrés Framini, el gobernador bonaerense electo, nunca asumió y el gobierno de Frondizi tuvo los días contados hasta que llegó el golpe del 29 de marzo de 1962, en una nueva mueca tragicómica de la historia de Argentina.

El país atrasó varias décadas y en el año de centenario del nacimiento de Frondizi (28 de octubre de 1908) muchos políticos destacan su gobierno e impulsan aún sus ideas renovadoras hace medio siglo. La Argentina perdió allí una gran oportunidad, la que impulso ese dirigente que tenía la virtud de pensar como un hombre de acción y actuar como un hombre de pensamiento.

ROB/