viernes, 31 de agosto de 2007

SEMANA SANTA - CUANDO ATENTARON CONTRA LA DEMOCRACIA



La acción planificada de un grupo de oficiales del Ejércitopuso en jaque hace 20 años a una Democracia que daba sus primerospasos luego de la oscura dictadura, con el levantamiento"carapintada" de Semana Santa de 1987.

El 16 de abril de 1987, el ignoto coronel Aldo Rico se sublevó con otros camaradas en el regimiento de Campo de Mayo y durante cuatro días mantuvo en vilo a la sociedad argentina con una velada amenaza de golpe militar, nunca confesada, pero que siempre estuvo latente por esas horas.

La motivación principal de esos militares que se levantaron a tres años y medio después del retorno de la democracia central elgobierno del ex presidente Raúl Alfonsín era intentar desactivarlos innumerables procesos judiciales que los acosaban porsupuestas violaciones a los derechos humanos durante la dictadura.

Tras la sanción de la Ley de Punto Final, cuatro meses antes, que acotaba la investigación de esos hechos.La Justicia, que ya había condenado a las cúpulas de las Juntas militares, inició causas contra los oficiales de segunda y tercera línea que tenían denuncias en su contra.

La actitud intempestiva de los "carapintadas" -llamados así porque en su rol de comandos se pintaba la cara como en simulacros de combate- fue rechazada por gran parte de la ciudadanía que salió a las calles en forma espontánea en apoyo al sistema democrático.

En ese marco, se desarrollaron marchas diarias a partir delJueves Santo, que concluyeron con una gran manifestación, eldomingo de Pascuas en la Plaza de Mayo.

Esa tarde, el ex presidente Alfonsín viajó hasta Campo de Mayo para hablar con Rico con el fin de intentar superar esta crisis.Esta acción de los militares se llamó "Operación Dignidad" y tuvo como génesis la decisión del mayor Ernesto Barreiro de noconcurrir a una convocatoria judicial y recluirse en el 14 batallón de Infanteria de Córdoba, que fue el primer cuartel que se rebeló el 15 de abril.

Inmediatamente, desde Posadas, donde estaba cumpliendo funciones, llegó a Campo de Mayo el ex coronel Rico, quien con camaradas de promoción como Enrique Venturino, Arturo González yGustavo Breide Obeid, entre otros, coparon el tradicional regimiento.

En este contexto, el ex presidente Alfonsín consultó con el jefe del Estado Mayor, el general Héctor Ríos Ereñú, quien le garantizó al jefe de Estado que "todo estaba en orden" y habilitaba al descanso que se proponía el primer mandatario en la residencia presidencial de Chapadmalal.

Nada de eso se pudo hacer y ya en el mediodía del Jueves Santo la situación era compleja, con tres regimientos más que se habían plegado al levantamiento (Neuquén, Monte Caseros en Corrientes y Río Gallegos).

Con muy poca información propia, Alfonsín sólo tenía como aliado en las Fuerzas Armadas a la Fuerza Aérea, además de un servicio de inteligencia nulo.

Alfonsín le reclamó al titular del Segundo Cuerpo de Ejércitocon asiento en Rosario, Ernesto Alais, que llegara a Buenos Aires para reprimir la sublevación.El ex presidente creyó en el juramento a la Constitución nacional de Alais, pero no contó con el procediento "tortuga" que realizó el militar quien tardó -adrede- una eternidad en recorrerlos 300 kilómetros que separaban ambas ciudades.

En tanto, en Casa de Gobierno el clima de incertidumbre y sensanción de ataque a las instituciones se hacía cada vez más evidente, y en ese marco un grupo de dirigentes del "Alfonsinismo puro", entre ellos Leopoldo Moreau, Enrique Nosiglia, el secretario general de la presidencia, Carlos Becerra, y el diputado César Jaroslavky, conformaron el "comité de crisis".

Estos dirigentes, además, hasta se prepararon para un posible asalto a la casa Rosada y en la noche del sábado al domingo hasta se armaron ante esa posibilidad que se palpitaba inminente.

En ningún momento el gobierno radical intentó poner a los medios de comunicación en cadena nacional, pero en cambio, las radios y los canales desde sus propias programaciones fueron claves a la hora de convocar a la gente a salir a las calles a defender la democracia.

En ese escenario, el domingo pasó a ser un día clave y con el correr de las horas se palpitaba que una extensión de la crisis desataría una situación represiva muy grave.

Por ese motivo, el ministro de defensa, Horacio Jaunarena,había estado en Campo de Mayo más de cinco horas con Rico llegandoa un acuerdo para encauzar las demandas de los "carapintadas".

La masiva manifestación en la Plaza de Mayo -se calculó lapresencia de cerca de 100 mil personas- más las que se registrabanen el interior del país frenaron las apetencias militares de salira "sangre y fuego" a las calles, a la vez que trabó las negociaciones.

Cuando a las 15:30 Alfonsín estaba dispuesto a salir al balcón, acompañdo por dirigentes del PJ y de otros partidos, Jaunarena les informó que el acuerdo "se había caído" a último momento.

En esa circunstancias, el ex presidente decidió viajar él mismo a campo de Mayo para hablar con Rico, a pesar de losconsejos de sus allegados, que temían lo tomaran prisionero oinclusive lo mataran.

La charla duró casi una hora y media, y helicóptero mediante Alfonsín volvió al balcón de la Rosada para pronunciar el discurso que registró una de sus frases políticas menos destacadas: "Felices Pascuas, La Casa está en orden".

Sin ningún tipo de explicaciones sobre lo acordado con los militares sublevados, la muchedumbre sintió desazón y decepción por las acotadas palabras de Alfonsín, una situación que, se comprobó luego, no fue casual.

Con una rápidez asombrosa, dos meses después, el Congreso sancionó la Ley de Obediencia Debida, que cerró automáticamente todas las causas contra estos oficiales e hilvanó, junto a la Ley del Punto Final, un pacto de supuesta impunidad.

Nada desde allí fue igual para el gobierno de Alfonsín: ese quiebre con la sociedad se materializó con la derrota en las elecciones legislativas de ese año, y dos levantamientos más de militares, en enero de 1988, a cargo de Rico en Monte Caseros y en diciembre de 1988, con la toma del cuartel de Villa Martelli por parte de Mohamed Ali Seineldín.


ROB/ Publicado por la agencia Noticias Argentinas/Diario Popular, 17 de abril de 2007


SAUL UBALDINI, EL ULTIMO DINOSAURIO




-- La figura de Saul Ubaldini esta asociada a las luchas más fuerte del
sindicalismo argentino y su muerte marca a la vez el fin de una
etapa histórica del gremialismo nacional, con él también
desaparece uno de los último dinosuarios de la ortodoxia peronista.
Junto al fallecido líder de las 62 Organizaciones, Lorenzo
Miguel, el sindicalista cervecero luchó desde la CGT en la
década del 80, primero contra la dictadura militar y luego
abiertamente contra el gobierno de Raúl Alfonsín.
Sin dudas dos íconos de sus luchas populares pueden
establecerse, en puntos opuestos de la carrera de Ubaldini, la
marcha contra el gobierno militar realizada el 30 de marzo de
1982, a 72 horas de la recuperación de las Islas Malvinas y los
13 paros asestados al gobierno democrático de Alfonsín.
Resistencia y política, esos fueron los parámetros reales de
sus ocho años como conductor excluyente de la poderosa CGT que
manejó desde 1982 hasta 1990, hasta la llegada de Carlos Menem
al poder.
Militante peronista de plataforma sindical desde los años
60, ya en los 70 se fue posicionando en el gremio cervecero para
quedarse con el secretario general que no perdió por casi dos décadas.
En los difíciles años setenta, Ubaldini tuvo en José Ignacio
Rucci un modelo de dirigente sindical a imitar, y desde su
trágica muerte en 1973 a manos de los Montoneros, y la represión
posterior de la Dictadura comenzó a marcarse la piel con heridas
y golpes muy duros.
Luego de estar detenido, ya a fines de los 70, volvió a
militar desde la clandestinidad y empujado por su amigo Lorenzo
Miguel, y cierta liberación que lo militares hicieron de la CGT,
gestó un espacio de lucha en la central obrera.
Eran años de división entre los sindicalistas, y así como
Ubaldini y Miguel conformaron la CGT Brasil -más combativa-
Jorge Triaca y Armando Cavalieri estaban al frente de la CGT
Azopardo, más dialoguista con los militares.
En 1982, ya con Galtieri en el poder, Ubaldini buscó presionar
al gobierno con una marcha a Plaza de Mayo bajo la consigna "Paz,
Pan, Trabajo" que fue reprimida con dureza en la esquina de
Diagonal Norte y Suipacha.
Allí murió un obrero y quedaron más de una deocena de heridos
a la vez que todos los que encabezaban la manifestación fueron
detenidos.
El gobierno militar no podía permitir que estos sindicalistas
llegaran a la Plaza de Mayo, espacio donde tres días después si
dejaron abierto para que se colamara de una multitud que
festrejaba la recuperación de las Islas Malvinas.
La aventura militar tuvo como prier ejemplo la liberación esa
noche de los gremilaistas detenidos, que quedaron opacados en su
reclamo por el ambiente "nacionalista" de la gesta impulsada por
los integrtantes de las Fuerzas Armadas.
En el proceso previo a las elecciones de octubre de 1983,
Ubaldini encabezó junto a la Multipartidaria varias importantes
marchas y por supuesto apoyó la candidatura de la formula del
Partido Justicialista.
La derrota de Italo Luder, la victoria de Alfonsín y la
acusación previa del líder radicla sobre un supuesto "pacto
sindical-militar", puso en verderas opuesta desde el principio a
el conductor de la CGT y el nuevo presidente.
A ese escenario se sumó la intención de Alfonsín de de
impulsar un proyecto de reordenamiento sindical que no era ni
mas ni menos que intentar "democratizar" a los gremios con
elecciones libres pero a la vez supervisadas por el Estado.
El enfrentasmiento fue una Guerra declarada: el proyecto fue
aprobado en Diputados y cayó en el Senado --donde había mayoría
peronista-- y produjo además la caída del ministro de Trabajo
de aquel entonces, Antonio Mucci.
Este resultado provocó que el presidente radical bajara el
tenor del enfrentamiento con la CGT, pero ya era tarde. En su
primer año de gobierno Ubaldini llamó a dos paros por 24 horas
que tuvieron masiva convocatoria.
Con una escenario político muy claro, sumado a los vaivenes
de una economía inestable, el gobierno de Alfonsín soportó 13
huelgas generales y cientos de marchas a Plaza de Mayo.
Allí, Ubaldini hacía lucir su estilo muy personal. Discursos
encendidos, cargados de emotividad y casi al borde de las
lágrimas, el cervecero conquistó a sus seguidores y se llevó el
mote de "llorón y mantequita" que le puso el mismo Alfonsín.
"Llorar es un sentimiento, pero mentir es pecado", gritaba
desde la tribuna el sindicalista que ya sobre fines del gobierno
de Alfonsín quebró la pobre defensa de esa gestión.
Unido a la candidatura de Menen para la presidencia de 1989,
festejo desde el balcón del Hotel Presidente de la ciudad de
Buenos Aires, la victoria del PJ, que fue a la vez el inicio de
el fin de su estrella.
El riojano introdujo dirigentes mas afines a la CGT y comenzó
a dividir el poder de Ubaldini que como muchas de las
expresiones de lucha de los ochenta, en los noventa pasó al
ostracismo.
Intentó ser candidato a gobernador en 1991 y perdió ante
Eduardo Duhalde, y desde allí solo se dedicó a la tareas
legislativa, donde fue diputado por más de una década.
Al dejar el Congreso en 2003, comenzó a colaborar con el
actual gobierno como asesor del Ministerio de Infraestructura
que maneja Julio De Vido.
Ubaldini fue uno de los impulsores del traslado de los restos
del ex presidente Juan Domingo Perón a la quinta de San Vicente,
pero su delicado estado de salud le impidió participar del
simbólico acto, ocurrido en medio de graves incidentes el 17 de
octubre último.
Varios hábitos no cambió a pesar de dejar el primer plano de
la escena política nacional: no abandonó su gusto por fumar, su
pasión incontrolable por Huracán, el club de sus amores, y el
gusto eterno por las camperas de cuero negras, sin dudas el
mejor homenaje para su mayor referente, José Rucci.

ROB/ Publicado en la Agencia Noticias Argentina y Diario Popular el 19/11/06

miércoles, 29 de agosto de 2007

EVITA LA MUJER QUE MARCO LA HISTORIA ARGENTINA



-- La muerte de Eva Perón, de la que el 26 de julio de 2007 se cumplieron 55 años, marcó un punto de inflexión en lahistoria argentina al convertirse en ícono de la lucha social y delas mujeres dirigentes de las generaciones posteriores.

Su figura dejó atrás las polémicas y las antinomias que convirtieron a su cadáver durante 16 años en un trofeo de guerra,sin que su familia ni el resto de los argentinos supieran de su paradero.

La vida de Evita, cargada de marginalidad, de lucha por el ascenso social y sueños personales, se coronó cuando luego de casi una década de llegar a Buenos Aires conoció a Juan Domingo Perón.

Sus orígenes se remontan a Los Toldos, provincia de BuenosAires, donde nació el 7 de mayo de 1919 en el seno de una familia muy humilde comandada por su madre, que la tuvo, como a sus otros hijos, fruto de un romance escondido con un estanciero casado.

Evita llegó en 1935 a Buenos Aires con los sueños de conquistarla radio y el cine como actriz, pero su reconocimiento finalmente fue fruto de su relación con Perón.

Luego del triunfo del peronismo en las elecciones de febrero de1946, Eva se convirtió en la voz y la figura de todo un sector social que hasta ese punto de la historia estaba mudo, sin representación y olvidado a su suerte.

Desde su despacho, a través de su fundación, Evita apuntaló los grandes cambios sociales que Perón proponía desde el Gobierno nacional.

Eva no supo de grises y dejó en claro desde su pensamiento queen ese tiempo de la historia se estaba de una vereda o de la otra.

"Se es peronista o se es antiperonista", marcaba el territorio la mujer que tuvo la misma dosis de amor como de odio para el que se parara en cada uno de esos espacios definidos.

Eva se convirtió en una voz de mucho peso en el Gobierno y desde ese lugar de privilegio irritó a los hombres del Ejército-cuna de Perón-, que también apoyaba al jefe de Estado.

El momento culminante de ese choque fue la determinación del lugar de vicepresidente para las elecciones de 1952 que los dirigentes cegetistas, sus "descamisdos" y el deseo propio alimentaban contra la presión del general y de algunos dirigentes oficialistas.

Ya había logrado el voto femenino y su figura se había paseado triunfante por los mejores escenarios políticos de Europa, pero una enfermedad que estaba latente la detuvo.

El 26 de julio de 1952, a las 21:40, el locutor de laSecretaría de Información Pública leyó el histórico comunicado que informaba el "paso a la inmortalidad, a las 20.25 de la jefa espiritual de la Nación".

Tenía solamente 33 años. Evita había muerto antes, en las primeras horas de esa tarde ya su cuerpo no pudo luchar más contra el cáncer y el Gobierno decidió esperar hasta tener todo listo para dar una información oficial.

ROB (Publicado en la Agencia NA 25/07/07)

miércoles, 22 de agosto de 2007

A 35 años se sigue investigando la "Masacre de Trelew"--



--La noche del 21 de agosto de 1972, 16 guerrilleros que estaban detenidos en la base AlmiranteZar de Trelew fueron muertos en las puertas de su celdas, en unaoperación del gobierno militar de Alejandro Agustín Lanusse que fue enmascarada como un intento de fuga masiva.
A 35 años del hecho, definido como la Masacre de Trelew, la causa sigue su curso, luego de haber sido reabierta en 2005 en el juzgado federal de Rawson a cargo de Hugo Sastre.
El magistrado tomó declaración a ex soldados y conscriptos,aunque fuentes judiciales indicaron que sólo unos pocos aportarondatos importantes para el expediente.
Detalles del episodio se conocieron meses después de ese 21 de agosto cuando tres sobrevivientes de esta acción militar desestimaron la versión oficial, que de inmediato el gobierno defacto instaló en la opinión pública.
Se trató de un grupo de militantes de diferentes organizaciones armadas que estuvieron detenidos en el penal de Rawson y que una semana antes intentaron fugarse en un avión comercial y fracasaron en la operación.
Eran los años del gobierno militar del presidente Lanusse que prometía una apertura democrática sin fecha fija, en el marco deun país que se debatía en la violencia política y la esperanza de un cercano retorno de su exilio de Juan Domingo Perón.
El 15 de agosto, un primer grupo de jefes guerrilleros que incluyó a Roberto Santucho, Enrique Gorriarán Merlo, Domingo Mena, todos del ERP, junto a Fernando Vaca Narvaja (Montoneros) y Marcos Osatinsky y Roberto Quieto (ambos de FAR), lograron el objetivo de fugarse de la prisión y alcanzar un avión de línea de Austral y fugarse a Santiago de Chile.
El operativo había sido organizado por las tres organizacionesque coparon primero el avión apenas aterrizó en Rawson con hombresarmados que venían desde buenos Aires en ese vuelo.
En ese momento otro grupo ayudó a escaparse a los jefes guerrilleros del penal, quienes alcanzaron el avión y cumplimentaron con éxito la operación trasladándose a Chile dondeel gobierno socialista de Salvador Allende les dio refugio.
En cambio, el segundo grupo de 19 militantes que se escapó llegó después al aeropuerto y no alcanzó a tomar otro vuelo que, alertado por los hechos no descendió en ese lugar.
Los fugados llegaron al aeropuerto y tomaron como rehenes a un grupo de pasajeros y durante casi cuatro horas coparon el lugar e iniciaron las negociaciones con los jefes militares.
Al ver frustradas su posibilidades de conseguir otro avión para fugar, comenzaron las tratativas para una rendición y regreso al penal de Rawson, que incluyó al vicegobernador de la provincia, un juez y las cámaras televisivas de un canal local.
El capitán de corbeta Luis Emilio Sosa, a cargo del operativo, se comprometió con los guerrilleros a garantizar su seguridad y a cumplir con parte de sus exigencias.
El grupo entregó su armas y se rindió. Eran 14 hombres y cinco mujeres, entre ellas Ana Villarreal, la mujer de Santucho que estaba embarazada.
Pero los jefes de la Armada no cumplieron lo acordado y en vez de llevarlos a la cárcel de Rawson los trasladaron a la BaseAlmirante Zar de Trelew.
Los militantes, entonces, vivieron una semana de tensión que tuvo su punto culminante la noche del 21 de agosto cuando fueron retirados de sus celdas -ubicadas en el subsuelo de la base- y fusilados en ese mismo lugar.
De ellos tres sobrevivieron milagrosamente pese a sus graves heridas, María Antonia Berger, Alberto Miguel Camps y René Haidar, quienes luego fueron los responsables de contar al verdad de los hechos, aunque años después murieron en el marco de la represión ejercida por la dictadura siguiente.
La versión oficial dijo que se trató de un intento de fuga y untiroteo dentro de la base, aunque nunca se pudo explicar cómo los guerrilleros podrían haber alcanzado las armas.

--Publicado en la agencia NA/21/08/07