martes, 27 de mayo de 2008

EL OSCURO FINAL DE LOS HEROES DE MAYO



Hoy son homenajeados como calles y en alguna que otra plaza porteña. Calles que los mantienen uno muy cerca del otro, pero son cortas y lejanas del brillo de las grandes arterias de la ciudad. Nada es casual.

Como tampoco lo fue el destino de estos nueve patriotas, siete criollos y dos españoles, que formaron parte de aquel grupo de revolucionarios integrantes de la primera junta de Gobierno.

Como en muchas etapas de la vida política nacional, su brillo duró muy poco y en menos de un año se apagó la estrella que los iluminaba en la mayoría de los casos, para ubicarlos en lugares de hombres cuestionados, desterrados y perseguidos judicialmente.

El presidente de la Junta, Cornelio Saavedra, sobrevivió al primer golpe que intentó Mariano Moreno en abril de 1811, pero seis meses después debió hacerse del cargo del ejército y marchar al Norte, y así sus rivales aprovecharon la ocasión para sacarlo del gobierno.

Lo que siguió no fue fácil. Primero se lo separó del mando del ejército, luego se intentó desterrarlo a San Juan pero escapó a tiempo a Chile. Cuando regresó, José de San Martín lo ayudó y le dio la comandancia en la provincia cuyana.

En Buenos Aires se le iniciaron juicios de carácter político por los que recién fue absuelto en 1818, y tras recuperar su grado debió exiliarse en Montevideo para luego ser pasado a retiro en 1822 y entrar en el ostracismo hasta su muerte.

La vida de Mariano Moreno es conocida por el fuego de su pasión revolucionaria y su temprana muerte en 1811, cuando viajaba a Londres casi exiliado tras perder en el intento de derrocar a Saavedra.

Murió en el barco que lo llevaba, en medio del océano, en una desaparición sospechada por sus partidarios.El otro secretario, Juan José Paso, fue el único que logró una trascendencia. Integró dos Triunviratos, en 1811 y 1813, luego fue elegido diputado en el Congreso de Tucumán y terminó su brillante carrera política como diputado porteño en 1824.

El religioso Manuel Alberti fue un gran defensor de la causa revolucionaria pero se enfrentó con Moreno, especialmente por el fusilamiento de Santiago de Liniers y, murió de un paro cardíaco en enero de 1811.

El vocal Miguel de Azcuénaga debió exiliarse en Chile en 1811 por su adhesión a Moreno, y si bien regresó dos años después, ocupó cargos militares y políticos de poca trascendencia hasta su retiro y muerte en 1833.

Manuel Belgrano, tras convertirse en general del Ejército del Norte y ganar dos batallas (Tucumán y Salta), fue cuestionado por sus derrotas en Vilcapugio y Ayohuma. Su figura entró en un cono de olvido. Murió en soledad y la pobreza, en 1820, el mismo día, el 20 de junio, que la anarquía se asentó en Buenos Aires: la jornada de los tres gobernadores en un día.

Su primo, Juan José Castelli, el “orador de la revolución”, fue enviado a Salta por la Primera Junta. Hizo allí un gobierno revolucionario, fue el responsable del fusilamiento de Liniers y, tras la derrota en Huaqui, en octubre de 1811, destituido y juzgado por sus actos.

El hombre de la filosa palabra murió de cáncer de lengua en octubre de 1812 mientras era juzgado por sus acciones.Los españoles de la junta no tuvieron un mejor final.

Domingo Matheu, comerciante español, aportó dinero para los ejércitos de la revolución. En 1817 se cansó del manejo de la política y se retiró a sus negocios para perderse luego en la oscuridad.Por su parte, Juan Larrea, dejó la junta en 1811, integró la Asamblea de 1813 y un año después Gervasio de Posadas lo nombró ministro del Tesoro.

En 1816 fue investigado como el primer caso de corrupción de estas tierras y al no poder justificar sus actos, sus bienes fueron confiscados. Se suicidó con una navaja en 1847.

ROB/

25 DE MAYO DE 1810:CUANDO LAS BREVAS ESTUVIERON MADURAS




Juan José Castelli se paró y lo miró al jefe del Regimiento de Patricios, Cornelio Saavedra. El militar que hasta ese momento de la noche del 24 de mayo dudaba sobre las acciones a seguir, se paró y dijo: “Ya es tiempo, no debemos perder ni una hora”.
Con esta determinación, el abogado de lengua filosa junto al jefe militar salieron de la jabonería de Vieytez donde se reunían los patriotas y cruzaron toda la Plaza de la Victoria rumbo al Fuerte.
El objetivo era muy claro: exigir la renuncia del virrey Baltasar de Cisneros.Había pasado casi una semana desde la llegada de las noticias de España donde se revelaba que el rey Fernando VII había caído en manos de Napoleón y los criollos sintieron que era el momento de romper el dominio sobre estas colonias.
No sirvió de nada que el virrey Cisneros, que había llegado un año antes a Buenos Aires, pidiera calma y sumisión al poder que representaba. Un importante grupo de porteños iluminados por la revolución francesa de 1789 encabezados por Mariano Moreno, Manuel Belgrano, Castelli, Juan José Paso, Domingo Matheu, Bernardo de Monteagudo, Nicolás Rodríguez Peña e Hipólito Vieytez, entre otros.
Tras rechazar la acción del virrey y con la seguridad del apoyo de los hombres de Saavedra, los patriotas presionaron para un llamado a un Cabildo Abierto que se produjo el 22 de mayo, adonde llegaron 251 vecinos de las 450 invitaciones que se repartieron de urgencia para la asamblea.
Muchos de ellos –españoles-- no pudieron acceder al Cabildo a raíz de la “presión” de grupos de militares encabezados por Antonio Beruti y Domingo French, quienes a punta de pistola y cuchillos no los dejaron acceder a la Plaza principal de la ciudad.
Con la seguridad de que los “fierros” estaban del lado patriota, los cabildantes de la revolución exigieron un nuevo gobierno, mientras los defensores del régimen buscaron la última salida, pedir la votación para la continuidad o no del representante de la monarquía española.La votación fue 155 en contra de la continuidad y 69 a favor.
Sin embargo, en una maniobra inesperada que descolocó a los criollos, se armó una nueva junta de gobierno con Cisneros como presidente y varios españoles, además de Castelli y Saavedra, como integrantes de ese gobierno provisorio.
Tras un día sin reacción por parte de los revolucionarios, la noche del 24 fueron decididos a todo. Cuando el 25 amaneció lluvioso y frío, nadie había en la Plaza de la Victoria y mientras Cisneros se daba cuenta de que no tenía más poder para resistir, Belgrano y Paso arengaban a los que se iban acercando a “ver qué pasa”.
rench y Beruti siguieron con su tarea de alejar a los españoles del lugar de las decisiones y en esa oportunidad repartieron sables y armas a los civiles, por las dudas. Castelli, ya muy enojado le gritó a Cisneros, quien era sordo, “No hay opciones: o renuncia o lo cuelgan. Usted decide”.
En el Cabildo, el síndico procurador, Jaime de Leiva, no aceptaba la renuncia de Cisneros que fue llevada por Castelli y Saavedra. Para presionar, desde las galerías del Cabildo se abrieron las puertas para que voces iracundas hicieran escuchar su reclamo.
Como manotazo de ahogado los españoles pidieron enviar delegados al interior para que consultaran sobre estas decisiones de esa asamblea, moción rechazada por los integrantes de Cabildo.
Los seguidores del virrey se vieron acorralados cuando todas las guarniciones militares de la ciudad se negaron a defender al gobierno, y French y Beruti, ingresaron –en una efectiva puesta en escena-- al salón principal con 400 firmas de vecinos que pedían un nuevo gobierno. La suerte estaba echada.
Nacía el nuevo gobierno revolucionario, Leiva a las 3 y media de la tarde quiso informar los nuevos integrantes de la junta desde el balcón del Cabildo. “¿Y, dónde está el pueblo?, preguntó el funcionario ante la poca concurrencia”, lo que escuchó lo asustó. “Están en los cuarteles listos con las armas para actuar”, respondió Beruti.
Cinco horas después, la primera Junta quedaba conformada por un militar, varios jacobinos enamorados de la revolución francesa, un religioso y dos comerciantes españoles. Eran las nueve de la noche y ya nada sería igual en esta parte del mundo. La página inicial de una nación de ahora apenas 198 años empezaba a escribirse.
rob/

CAMPORA AL GOBIERNO: LA BREVE PRIMAVERA PERONISTA





El triunfo del peronismo el 11 de marzo de 1973 depositó nuevamente en el centro de la escena política argentina al partido Justicialista que asumió el poder el 25 de mayo en medio de una gran fiesta popular y dio inicio a un nuevo proceso democrático en la Argentina.
“Cámpora al gobierno, Perón al poder” fue la consigna de millones de militantes del PJ, la mayoría jóvenes que no habían vivido los gobiernos anteriores del líder peronista, y que significaba la llegada al Poder Ejecutivo de un hombre del partido para luego ceder el verdadero poder al anciano dirigente, proscrito por la dictadura militar.


Las calles del país fueron ganadas hace 35 años, por miles de jóvenes que sintieron la llegada de un nuevo aire revolucionario a la Casa Rosada y que se evidenció en las banderas de las agrupaciones “Montoneros”, “Fuerzas Revolucionarias Peronistas” y “La Tendencia”, que ganaron más espacio y protagonismo sobre los sectores sindicales y agrupaciones más tradicionales del peronismo ortodoxo.


Subrepticiamente fue el inicio de la lucha entre los sectores más antagónicos del partido Justicialista que luego decantaría en una batalla abierta, materializada como el primer gran combate : el 20 de junio de 1973, la denominada “Masacre de Ezeiza”, con el retorno definitivo de Perón al país.


El FREJULI, frente que reunió a los sectores más radicales de la izquierda peronista con las fuerzas sindicales y militantes tradicionales, ganó las elecciones con el 50 por ciento de los votos con la fórmula integrada por Héctor Cámpora (delegado personal de Perón) y el conservador bonaerense Vicente Solano Lima.


La revista “Satiricón”, muy de moda por eso días, publicó en su tapa de la semana previa a la asunción una frase que resumía la sensación térmica de los militantes. “El sol del 25 viene asomando” y el dibujo del astro surgiendo por detrás de la Casa Rosada con la cara sonriente de Perón.


En un salón Blanco atiborrado de jóvenes que ganaron el espacio antes que los sindicalistas se produjo la jura de Cámpora y sus ministros, mientras los militares, encabezados por el presidente de facto Alejandro Lanusse, un anti peronista confeso, debieron escuchar el grito de guerra que retumbó en el lugar: “Los milicos se van, para no volver nunca más”.


Entre los invitados especiales estuvieron el presidente de Chile, el socialista Salvador Allende, recibido como un héroe y el presidente de Cuba que fue ovacionado mientras el secretario de Estado de Estados Unidos William Rodgers, abucheado e insultado sin miramientos.


La conformación del gobierno tuvo a hombres de pensamiento de izquierda como Esteban Righi (Interior), Juan Carlos Puig (Canciller), Jorge Taina (Educación) y José Bel Gelbard (Economía), mientras el sindicalista Ricardo Otero (Trabajo), junto a Ángel Robledo (Defensa) y Antonio Benítez (Justicia) era el ala contrapuesta.


Como un Maquiavelo, ubicado estratégicamente estaba José López Rega (ministro de Bienestar Social) hombre de Perón, que primero asumió una actitud pasiva y silenciosa, para luego dar los golpes necesarios para desestabilizar este gobierno.


Las medidas mas importantes de esta breve gestión fue el reinicio de las relaciones con Cuba, la intervención a todas las universidades nacionales y el Pacto Social que impulsó Gelbard, un dirigente llegado desde la Confederación General Económica que logró firmar este acuerdo con la CGT, empresario y el Estado.


El mismo 25 de mayo, por la noche, se produjo un hecho emblemático de este gobierno: Los dirigentes de izquierda le presentaron a Cámpora un proyecto de ley de Amnistía para los dirigentes y guerrilleros detenidos que el jefe de Estado firmó y el Congreso aprobó a mano alzada, en tiempo récord.


Esa noche se abrieron de par en par las puertas de las cárceles para dejar libres a cientos de estos dirigentes. Cuarenta y nueve días después, López Rega dio su primer zarpazo, obligó la renuncia de Cámpora y Solano Lima.


El “Brujo” hizo asumir como presidente provisional a su yerno, Raúl Lastiri, jefe de la Cámara de Diputados. La primavera pasó y el clima del país entró en un peligroso estado de tormenta y huracán que ni siquiera el triunfo de Juan Perón, en las elecciones siguientes, pudo detener.
ROB/

¡OID MORTALES! EL HIMNO NACIONAL CUMPLE 198 AÑOS


Los intensos años siguientes a la Revolución de Mayo de 1810 fueron vertiginosos, cargados de pasiones y flemas patrióticas que llevaron a desarrollar la historia del país de una forma a veces poco ortodoxa, según la enseñanza que recibieron generaciones posteriores.
La historia de la creación del Himno Nacional argentino no está exenta de esos hechos y tiene una realidad, analizada e investigadas por especialistas, que demuestra el calor sanguíneo que movilizó a aquellos hombres que buscaban una identidad propia.
El 11 de mayo de 1813, la Asamblea General Constituyente aceptó la letra presentada por el poeta Vicente López y Planes y oficializó la canción patria, que a partir de allí necesitó de una composición musical para ser escuchada por primera vez.
Sin embargo, hubo varias versiones anteriores de himnos que no lograron sobrevivir y ser aceptadas por el gobierno de turno.
La primera nació como una necesidad natural de expresar el fervor patriótico y se estrenó el 24 de noviembre de 1810.
Ese dato surge de una publicación del diario “La Gaceta de Buenos Ayres” que publicó parte de la letra escrita por un ciudadano común Esteban De Luca, que también aparentemente le puso música: “La América toda, se conmueve al fin, y a sus caros hijos, convoca a la lid; a la lid tremenda, que va a destruir, a cuantos tiranosla osan oprimir”, decía su letra.
Tuvo cierto éxito en las tertulias sociales y políticas de la Aldea y luego fue ganada por el olvido hasta que en 1812, el 25 de mayo, en el Cabildo fue ejecutada otra canción patriótica que tuvo letra de Saturnino La Rosa y música del español Blas Parera, un compositor catalán de gran jerarquía.
La canción fue asentada en los libros oficiales pero nunca más se ejecutó, mientras en el Teatro de La Comedia, al final de una representación de la obra “El 25 de mayo” de Luis Morante, los actores cantaban a viva voz otra emotiva canción patria con música de Parera.
Es allí donde el Triunvirato, el 22 de julio de 1812, solicita por decreto una composición oficial que es encargada a fray Cayetano Rodríguez, sacerdote, poeta y periodista, que fue aprobada el 4 de agosto de ese año y donde se decidió volver a convocar a Parera para musicalizarla.
Según algunos investigadores, Parera también había compuesto la partitura de aquella efímera canción de De Luca, ya que era amigo de la familia y tras la convocatoria oficial volvió a hacerlo con suma maestría.
La obra se estrenó el 1 de noviembre de 1812, pero a decir verdad tuvo muy mala recepción a raíz del poco vuelo de la letra, por lo cual el gobierno la archivó, y esta vez a través de la Asamblea volvió a realizar una nueva convocatoria, el 6 de marzo de 1813.
Hubo una especie de “concurso de composición” entre Fray Rodríguez y el poeta Vicente López y Planes.
El 11 de mayo, ambos presentan sus obras ante las autoridades y la creatividad y fuerza del material del poeta hizo que el sacerdote retirara su composición.Inmediatamente, la Asamblea volvió a convocar a Parera –ya un viejo conocido—y le pedió premura para que compusiera la música.
En ese punto los historiadores se encuentran con versiones disímiles de los hechos: una de ellas dice que Parera se negó por entender que la letra era “muy ofensiva” sobre España, y a raíz de su origen ibérico temía represalias contra su persona.
Algunas fuentes históricas relatan que Parera fue encarcelado por el gobierno y obligado a componer bajo “pena de fusilamiento” la música.
El artista accedió y lo hizo en una noche, aunque aparentemente solo arregló la partitura que ya había usado anteriormente en la marcha que compuso para el teatro de La Comedia.
Se hace difícil la comprobación de este evento, la documentación consultada por Asteriscos. Tv es incompleta, sin embargo todas las fuentes coinciden en una llamativa salida inmediata de Parera de Buenos Aires (junio de 1813) en circunstancias “poco claras” y su muerte en España años después.
Sobre el estreno también hay versiones encontradas: los manuales escolares insisten en la primera interpretación en una de las tertulias sociales realizadas en la popular casa de Mariquita Sánchez de Thompson y otra, la más veraz, que fue estrenada el 25 de mayo de 1813, en la Plaza de Mayo y cantada por alumnos de una escuela de la ciudad en un acto organizado por el gobierno exclusivamente para ese cometido
Eran también tiempos políticos y el estreno de la canción patria una buena excusa para calmar las críticas a la gestión de los dirigentes.
ROB/
El himno nacional cantado por Charly García