viernes, 31 de agosto de 2007

SAUL UBALDINI, EL ULTIMO DINOSAURIO




-- La figura de Saul Ubaldini esta asociada a las luchas más fuerte del
sindicalismo argentino y su muerte marca a la vez el fin de una
etapa histórica del gremialismo nacional, con él también
desaparece uno de los último dinosuarios de la ortodoxia peronista.
Junto al fallecido líder de las 62 Organizaciones, Lorenzo
Miguel, el sindicalista cervecero luchó desde la CGT en la
década del 80, primero contra la dictadura militar y luego
abiertamente contra el gobierno de Raúl Alfonsín.
Sin dudas dos íconos de sus luchas populares pueden
establecerse, en puntos opuestos de la carrera de Ubaldini, la
marcha contra el gobierno militar realizada el 30 de marzo de
1982, a 72 horas de la recuperación de las Islas Malvinas y los
13 paros asestados al gobierno democrático de Alfonsín.
Resistencia y política, esos fueron los parámetros reales de
sus ocho años como conductor excluyente de la poderosa CGT que
manejó desde 1982 hasta 1990, hasta la llegada de Carlos Menem
al poder.
Militante peronista de plataforma sindical desde los años
60, ya en los 70 se fue posicionando en el gremio cervecero para
quedarse con el secretario general que no perdió por casi dos décadas.
En los difíciles años setenta, Ubaldini tuvo en José Ignacio
Rucci un modelo de dirigente sindical a imitar, y desde su
trágica muerte en 1973 a manos de los Montoneros, y la represión
posterior de la Dictadura comenzó a marcarse la piel con heridas
y golpes muy duros.
Luego de estar detenido, ya a fines de los 70, volvió a
militar desde la clandestinidad y empujado por su amigo Lorenzo
Miguel, y cierta liberación que lo militares hicieron de la CGT,
gestó un espacio de lucha en la central obrera.
Eran años de división entre los sindicalistas, y así como
Ubaldini y Miguel conformaron la CGT Brasil -más combativa-
Jorge Triaca y Armando Cavalieri estaban al frente de la CGT
Azopardo, más dialoguista con los militares.
En 1982, ya con Galtieri en el poder, Ubaldini buscó presionar
al gobierno con una marcha a Plaza de Mayo bajo la consigna "Paz,
Pan, Trabajo" que fue reprimida con dureza en la esquina de
Diagonal Norte y Suipacha.
Allí murió un obrero y quedaron más de una deocena de heridos
a la vez que todos los que encabezaban la manifestación fueron
detenidos.
El gobierno militar no podía permitir que estos sindicalistas
llegaran a la Plaza de Mayo, espacio donde tres días después si
dejaron abierto para que se colamara de una multitud que
festrejaba la recuperación de las Islas Malvinas.
La aventura militar tuvo como prier ejemplo la liberación esa
noche de los gremilaistas detenidos, que quedaron opacados en su
reclamo por el ambiente "nacionalista" de la gesta impulsada por
los integrtantes de las Fuerzas Armadas.
En el proceso previo a las elecciones de octubre de 1983,
Ubaldini encabezó junto a la Multipartidaria varias importantes
marchas y por supuesto apoyó la candidatura de la formula del
Partido Justicialista.
La derrota de Italo Luder, la victoria de Alfonsín y la
acusación previa del líder radicla sobre un supuesto "pacto
sindical-militar", puso en verderas opuesta desde el principio a
el conductor de la CGT y el nuevo presidente.
A ese escenario se sumó la intención de Alfonsín de de
impulsar un proyecto de reordenamiento sindical que no era ni
mas ni menos que intentar "democratizar" a los gremios con
elecciones libres pero a la vez supervisadas por el Estado.
El enfrentasmiento fue una Guerra declarada: el proyecto fue
aprobado en Diputados y cayó en el Senado --donde había mayoría
peronista-- y produjo además la caída del ministro de Trabajo
de aquel entonces, Antonio Mucci.
Este resultado provocó que el presidente radical bajara el
tenor del enfrentamiento con la CGT, pero ya era tarde. En su
primer año de gobierno Ubaldini llamó a dos paros por 24 horas
que tuvieron masiva convocatoria.
Con una escenario político muy claro, sumado a los vaivenes
de una economía inestable, el gobierno de Alfonsín soportó 13
huelgas generales y cientos de marchas a Plaza de Mayo.
Allí, Ubaldini hacía lucir su estilo muy personal. Discursos
encendidos, cargados de emotividad y casi al borde de las
lágrimas, el cervecero conquistó a sus seguidores y se llevó el
mote de "llorón y mantequita" que le puso el mismo Alfonsín.
"Llorar es un sentimiento, pero mentir es pecado", gritaba
desde la tribuna el sindicalista que ya sobre fines del gobierno
de Alfonsín quebró la pobre defensa de esa gestión.
Unido a la candidatura de Menen para la presidencia de 1989,
festejo desde el balcón del Hotel Presidente de la ciudad de
Buenos Aires, la victoria del PJ, que fue a la vez el inicio de
el fin de su estrella.
El riojano introdujo dirigentes mas afines a la CGT y comenzó
a dividir el poder de Ubaldini que como muchas de las
expresiones de lucha de los ochenta, en los noventa pasó al
ostracismo.
Intentó ser candidato a gobernador en 1991 y perdió ante
Eduardo Duhalde, y desde allí solo se dedicó a la tareas
legislativa, donde fue diputado por más de una década.
Al dejar el Congreso en 2003, comenzó a colaborar con el
actual gobierno como asesor del Ministerio de Infraestructura
que maneja Julio De Vido.
Ubaldini fue uno de los impulsores del traslado de los restos
del ex presidente Juan Domingo Perón a la quinta de San Vicente,
pero su delicado estado de salud le impidió participar del
simbólico acto, ocurrido en medio de graves incidentes el 17 de
octubre último.
Varios hábitos no cambió a pesar de dejar el primer plano de
la escena política nacional: no abandonó su gusto por fumar, su
pasión incontrolable por Huracán, el club de sus amores, y el
gusto eterno por las camperas de cuero negras, sin dudas el
mejor homenaje para su mayor referente, José Rucci.

ROB/ Publicado en la Agencia Noticias Argentina y Diario Popular el 19/11/06

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